
Su historia se pierde en el tiempo, pero la transmisión oral más antigua que me ha llegado se remonta a la tercera guerra carlista, cuando el joven Guillermo, con apenas 18 años, atravesaba a pie la espesura del bosque, seguía a su batallón que ascendiendo la montaña defendían su territorio. Al pasar por Estella, junto al río, divisó en la otra orilla a unas muchachas lavando ropa, y echándole el ojo a una de ellas, le comento al compañero sentenciando con bravura : “ cuando regresemos de esta guerra, con esa mocita de ahí… me he de casar”.

De sus aventuras en la batalla, poco se conoce, solo le quedo el mote que sus compañeros le pusieron, cuando perdidos los soldados en el monte, andaban sedientos y él descubrió un pozo; imagino que no sería muy grande, o que serían varios los hallazgos, porque a partir de entonces le conocieron como “pocitos” y así nombraron su casa.
Guillermo, era un hombre bueno y sencillo, no tenía riquezas, pero si nobleza, nobleza baturra, por lo que también tenía palabra. Pasados los años, acabo la guerra y volvió al río, y encontró a la moza. Se llamaba Cecilia …aquí vendría la descripción, que desconozco, pero seguro debía ser una mujer fuerte, de gran talante y muy bonita, porque el mozo desposándose con ella, la raptó y se la llevó a su pueblo, lejos de los suyos, para formar su propia familia.

El mozo que era garrido, adquirió seguramente por tradición familiar, el oficio de arriero, en una época en que para el comercio, representaban una pieza clave en el entramado económico-social-cultural, sobre todo entre aquellos pueblos aislados del alto Aragón. Ser arriero, no era cualquier cosa, se precisaban una mezcla de intereses y actitudes, para superar las vicisitudes del oficio, por lo que se solían aprender sus secretos desde bien pequeño. Por un lado empujaba la necesidad económica, por otro, las ganas de aventura, la osadía de enfrentarse al riesgo de los largos viajes atravesando montes y cañadas.
Los Arrieros no eran buhoneros, quincalleros o algún otro tipo de vendedor ambulante. Para pertenecer a su gremio se requería, de un alto grado de profesionalización, y debían acreditarse ciertas características particulares, como llevar productos de primera necesidad, recorrer rutas periódicamente, poseer clientela mas o menos fijas, etc. Se precisaba además de la habilidad para sujetar las grandes cargas; saber tratar a las caballerías y aparejar a los animales correctamente; aprender las rutas, saber negociar con los proveedores y ganarse a los clientes, conocer los precios y sus fluctuaciones tener la picardía de no dejarse engañar en los negocios y la inteligencia para hacer buenos tratos. Se les distinguía a lo lejos, no solo por sus carromatos sino también por su vestimenta especial. Cumplían además una función de comunicación entre las aldeas, de difusores de la cultura y transmisores orales de una tradición folclórica popular, especialmente en el canto, la poesía y la narración de historias, vivencias, cuentos y leyendas.

Así que Guillermo, con sus mulas cargadas con buenas alforjas, cayado en mano, y zurrón con pan, queso y una bota de vino, recorría los caminos transportando su mercadería, principalmente leña, con la que ganaba el sustento de los suyos. Se sabe además, que ayudaba al párroco en la iglesia y en las festividades lugareñas, era el encargado de transportar el baúl con el avituallamiento para las celebraciones litúrgicas en las ermitas cercanas. Quien le había oído cantar decía que se le daban bien las jotas y las historias que contaba a los suyos arropados junto al fuego de la lumbre, dejaban embelesados a los oyentes.
De Cecilia se sabe que era muy mujer y tendría su carácter, porque no solo se adaptó al nuevo medio lejos de sus padres, a los que nunca volvió a ver, sino que cuidó a los de su marido, como si fueran propios. La forastera era apañada, cosía, bordaba, lavaba, planchaba y atendía a los suyos tan bien como podía. Parió y crió a nueve hijos, cuatro varones y cinco hembras, en una casa que todavía se conserva, puede verse frente al ábside de Sta. María la Mayor, su fachada sigue intacta, son las mismas piedras de antaño. Con el paso de los años, a los de su casa les llamaron con el apodo de su denominación de origen… “la Estellera”.

Sus descendientes, tuvieron muchos otros hijos que se desparramaron en una extensa familia y ayudaron a repoblar aquellas tierras, aunque muchos de ellos, con el tiempo, y empujados por la crisis que produjo la famosa plaga de la filoxera en las cosechas de vid, se dispersarían dejando el amparo de los montes para encontrar refugio en las grandes ciudades, que con sus nacientes industrias les ofrecían por aquel entonces, una vida más próspera.… pero eso, sería mucho más tarde, en las próximas generaciónes.
Y estos son a la postre, los orígenes conocidos de “casa Pocitos” en el pueblo de Uncastillo, que por la impronta de una mujer brava, paso a tener dos nombres y ahora es conocida también como “casa la Estellera”.
… seguiré con esta larga historia cualquier otro día
vaya lección de historia nos has impartido hoy. Me ha gustado mucho!! Ya hacía tiempo que no sabíamos de ti. Un beso!!
o de los fantasmas que habitan muro y que vale la pena conocer…
Ayyy, qué ganas tengo de que me des una vuelta por esos sitios……….. Esto tiene tintes de novela histórica, no lo dejes!
Besazo con achuchón, guapetona.
Habrá que verla… Espero el resto.
Besotes!
Yo he estado en uncastillo más de una vez. Siempre de paso, nunca más de una mañana o una tarde. Pero la verdad es que es bien bonito.
No conocía la historia. Es curiosa.
Besotes.
Biennnn! Me alegra que te animes a contarnos algo. Y por lo que he leido este algo tiene una buena trascendencia… y ahora sigue por favor no nos deje asi
Un beso o dos o más
Contado así, da gusto aprender historia
Ah, y ni se te ocurra dejarnos con las ganas de más.
Besos
Tenemos novela río en ciernes, un poco como Al Este del Edén, un poco como La Saga de los Rius. Ya no te queda más remedio que seguir…
Besos. Delicia leerte.
Hola, me alegra verte por aqui… y ahora? nos vas a dejar mucho tiempo asi? sigue, sigue… mil besos
… Pues nada a petición popular en breve tendré que proseguir el relato a ver si así encuentro por fin el hilo del ovillo…
Un beso a todos y gracias por estar ahí, saber de vosotros siempre me anima… sus quierooooo
¿En breve quiere decir mañana? No tardes, venga venga que si no el hilo se enreda y tardas en encontrarlo.
Un beso o… muchos (te he copiaó)
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Gracias por responder a la llamada, que ya se que no hace falta pero que te lo agradezco. ¡¡¡¡¡ Ya estas tardando mucho en escribir!!! Venga levantate y escribe.
Un abrazo y muchos besos