Seguramente pocos lo entenderían, las tres vivimos en Bcn, cada una en una punta distinta, y aunque nos habría sido muy fácil quedar en algún lugar céntrico de la ciudad para vernos, como hemos hecho otras veces, y a pesar de que hacía un par de años que, aún sin haber perdido el contacto, no habíamos podido reunirnos por diversas circunstancias, como somos así, y teníamos ganas de vernos, esta vez escogimos para nuestro encuentro el centro si, pero no de nuestra ciudad, sino el centro de la península. Dado que este año una de nosotras se iba a Mdrd con los hijos y las nietas,… la llevaban de vacaciones, ¡claro¡… pero evidentemente su misión en el grupo era más bien de canguro. Así que, las amigas unidas nos decidimos a rescatarla, al menos en los dos últimos días de su estancia, a la vez que nos dábamos un respiro a nosotras mismas, que también lo estábamos necesitando, y a ver a la Cibeles que nos fuimos.
La nuestra es una amistad duradera de hace años, nos conocimos hace unos diez, me refiero a conocernos físicamente, aunque hacía ya un par de años que hablábamos y nos comunicamos. Fuimos casi pioneras en esto de la navegación por Internet, en una época en la que apenas el 50% de los hogares españoles tenía conexión. Por supuesto que en aquel tiempo la técnica no estaba tan perfeccionada como ahora, conectarse a Internet era casi una odisea. No se había inventado aun la tarifa plana, y su acceso no era precisamente barato. No existían las ofertas del “paquete dúo”, donde tienes servicio de teléfono e Internet; antes para que al sonar el teléfono no te desconectasen de la red, teníamos que instalar una doble línea, con la consecuente duplicidad de facturas. Como mucho telefónica con su monopolio, pues no habían tantas compañías alternativas que le hicieran competencia, se invento con el tiempo los llamados “bonos nocturnos” que empezaban a las 10 de la noche hasta las 8 de la mañana, y ahí estábamos todos los adictos esperando las diez menos cinco para entrar, con lo que colapsábamos el servidor y había días que tardabas en conectar mas de media hora!!!!, y la más de las veces, cuando por fin lo conseguías, te caías de nuevo, porque no existía banda ancha ni fibra óptica ni mucho menos se habían inventado todavía el sistema inalámbrico, con las facilidades que ello ha aportado a la comunicación.
Pero todas esas dificultades, no impedían que al entrar en el chat y
contactar con la gente habitual, sin depender de las distancias nos alegráramos de reencontrarnos y estableciéramos lazos como si fuéramos una gran familia. Era una ventana abierta al mundo que descubríamos poco a poco. Allí aprendí un montón de cosas y “conocí” a mucha gente de distintos países, supe de lugares geográficos recónditos que ni sabía que existían, como Antofagasta, en chile (se me quedó el nombre gravado), y mantuve conversaciones muy interesantes que me aportaron mucho en todos los sentidos. Fueron interminables horas de buen rollo y buenas risas, donde nos ayudábamos y apoyábamos unos a otros, y entre quienes reinaba sobe todo el respeto y la amistad, cosa que hoy en día no suele sucede en los chats, en los que entrar más bien produce grima, especialmente por la falta de buena educación y la de conversas coherentes, con imaginación e inteligencia para disfrutar sanamente de un rato divertido y olvidarse de los problemas cotidianos del día a día.
Actualmente la mayoría de toda aquella gente “ole”, anda perdida, cada uno siguiendo su vida, pero algunos aún desperdigados por el espacio, seguimos conservando la amistad y para reforzarla, de vez en cuando, hacemos alguna locura para romper la rutina, encontrarnos y ponernos al día de cómo nos va la vida, contarnos nuestras cosas y avatares acontecidos. Y esa ha sido la excusa de la pequeña escapada de este estío, vernos y recordar viejos tiempos en el que lo habíamos pasado tan bien. Lo cierto es que supimos aprovechar las pocas horas juntas en Madrid para conseguir nuestro objetivo y seguir manteniendo unido el lazo de amistad que en su día se creó.
A pesar de haber preparado una de nuestras reuniones de mujeres, alguno de los buenos amigos, los de verdad de la buena, tuvo la amabilidad de acercarse, aún viniendo de lejos y aunque fuera por breves momentos a saludarnos, como Pegasux, que se acerco solo unos minutos simplemente por pagar la deuda de un beso que me debía… y no fue uno, sino tres o cuatro… Tampoco faltó el amigo Vion estuvo puntual a recogernos al tren y llevarnos al hotel y también vino a despedirnos a la estación. Lo cierto es que él, con buena voluntad nos preparaba un viaje a Segovia y no se cuantas cosas mas , pero finalmente comprendió por si mismo que las mujeres queríamos estar solas, a mi me supo mal porque me hubiera gustado ir a uno de esos locales que él conoce bien donde se puede gozar de un buen jazz, … pero en otra ocasión será, eso nos queda pendiente.
Y cuando a las chicas nos dejan solas, ya se sabe, más que organizar, improvisamos y aparte de pasear por la ciudad para visitar a otra amiga y comer juntas en un céntrico restaurante, hablamos, lo que sobre todo hicimos fue hablar, recordar, explayarnos y pasarlo bien, riendo por cualquier tontería quitándole espinas a las penas.
Más tarde se nos añadió la que sería nuestra cicerón en el Madrid nocturno, había trazado planes muy concretos para que nos lleváramos una buena impresión de su ciudad. Una buena cena en un lugar encantador, muy cerquita del templo de Debot, un asador ubicado justo en medio del parque del Oeste, donde te sirven de manera exquisita bajo los árboles, a la vez que oyes el canto de los pájaros revoloteando.

Para rematar el día, la copa estaba prevista hacerla en un tablado flamenco, pero justamente ese día estaba cerrado, así que nos metimos en un piano bar, donde el ambiente que allí reinaba, nos cautivó al instante. Entre la armonía que desprendían las teclas de la mano del pianista, la poesía de las letras cantadas, la espontaneidad de los artistas anónimos que se lanzaban a cantar, y la amabilidad de la gente que allí encontramos… Me encantó eso de tomarte un refresco apoyada en el piano y tarareando las viejas canciones conocidas. Todo ello nos hizo acabar la noche pasadas las 4 de la madrugada, claro que después aun estaríamos un buen rato hablando en la habitación del hotel.
Dormimos poco, muy poco, a las 9,30 ya estábamos desayunando…. Y aún medio legañosas seguíamos afilando las palabras y dibujando sonrisas en nuestros rostros. Apuramos las ultimas horas de asueto, pero ni aún en el tren pudimos estar calladas.
Estas locas escapadas, de contacto intensivo, reafirman nuestra amistad y nos proporcionan una especie de baño de cariño y energías renovadas con nuevas ilusiones, que ya nos hacen esperar, aunque no sepamos cuando ni donde se producirá , la próxima reunión improvisada.
Pues que a gusto que parece que te las haspasado… Y que bueno, ese tipo de encuntros reencuentros siempre son un poco una cura para el alma…
Huyyyy¡¡¡¡…. casi soy el primero.
Otro beso niña, me alegro de que lo pasaras tan bien. En otra ocasión cuando la fiesta no sea “sólo de chicas” quizás pueda unirme.
Si es que no te estas de nada y hablas como una verdadera veterana en esto de la comunicación. Bonito muy bonito poderse encontrar con quien te sientes a gusto.
A ver si tu yo yo nos vemos en….. tendremos que usar la imaginación
Besos
Qué estupendo reencuentro y qué bien te lo has pasado. Y qué tiempos aquellos en que Telefónica era Timofónica y cada página tardaba una eternidad en cargarse y aquel ruidito que hacía el módem… Jajajajajaja… batallitas de las nuevas tecnologías
Besos